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Estoy feliz de vivir en este momento, y de ese modo ser parte, de una revolución como la que se está dando ahora, en la que un medio masivo de comunicación por primera vez nos permite a todos por igual, (o a casi todos) ser emisores de un mensaje. Está claro que internet ha generado un cambio en nuestras vidas, y me interesa particularmente la mediatización de la vida privada como una costumbre cada vez más arraigada. Las redes sociales están a la orden del día, y en ellas pueden verse DE TODO. Por ejemplo: álbumes fotográficos personales con ejemplos como: el reportaje completo de un parto (la madre sudada por el sufrimiento, el niño ensangrentado recién salido del vientre, el padre festejante con lagrimas en los ojos); sesiones fotográficas entre adolescentes que descargan directamente, y sin selección previa, publicando un promedio de 100 fotos que abarcan toda la reunión de la tarde concertada probablemente para tal fin; fotos subidas desde móviles cada 20 minutos acompañadas del epígrafe que describe la actividad en curso, etc.

En la dicotomía público/íntimo encontramos que las dos esferas se solapan, cambiando incluso totalmente de sentido, confundiéndose entre sí. La introspección parece haber quedado debilitada, dando lugar a una nueva forma de definirnos. La intimidad es importante como parte de lo que somos, pero hay que mostrarla para confirmar que existimos. Parece imperiosa la necesidad de un reconocimiento externo, la validación de los gustos, las actividades, la persona en su totalidad, a través del juicio popular.


Relaciono este fenómeno con el culto a las celebridades y a la fama, requisito este último esencial para ser celebridad, aunque la razón de sí misma es a menudo de menor importancia. Entendemos “celebridad” como sinónimo de ideal: admirada por su atractivo físico, popularidad, talento, riqueza, etc...Una figura pública que aparece recurrentemente en los medios es tomada de uno u otro modo como “modelo a imitar”, o almenos ejerce una influencia.
De este modo, y también en relación con la profética frase "todos tendremos nuestros 15 minutos de fama", el esfuerzo por inventar un personaje se hace patente. Me pregunto hasta qué punto somos auténticos dando a conocer lo mejor y lo peor de nosotros mismos, y cuánto influye por otra parte, el interés de hacer pública esa determinada cuestión de nuestra vida privada en su propia modificación real.

"La fotografía se ha transformado en una diversión casi tan cultivada como el sexo y el baile, lo cual significa que la fotografía, como toda forma artística de masas, no es cultivada como tal por la mayoría. Es sobre todo un rito social, una protección contra la ansiedad y un instrumento de poder." Susan Sontag

Me planteo mi trabajo artístico con la forma de un proyecto abierto, que crece de modo paralelo a la actividad creativa cotidiana, partiendo ésta fundamentalmente desde la experiencia vivencial. Son el medio fotográfico y el audiovisual los que utilizo habitualmente, otorgándome estos la posibilidad de jugar con la dicotomía realidad-ficción.
Dentro del marco de internet particularmente, incluso la relación de uno para con uno mismo se ha modificado.
Las redes sociales nos permiten crear un personaje, no necesariamente a imagen y semejanza nuestra, pero que se transmite abiertamente y en conjunto al telegrama tácito: "quiero ser...".
El avatar que elegimos para que nos represente ante el numeroso público virtual no puede responder al azar. Y es quizás, esta virtualidad lo excitante de exponerse a una mirada impune que va a diseccionar nuestra tarjeta de visita.

Quiero reproducir esta necesidad de aparentar para ser, o de ser en apariencias. Me interesa el juego y los limites de lo ridículo, y bajo estas premisas me resulta más natural y cómodo también utilizar mi propio cuerpo (y alma). Utilizando mi persona como protagonista presento otro caso “real” de necesidad de audiencia. Del mismo modo, y en sentido irónico, busco adelantarme a mi propio mito, escribiendo una autobiografía en imágenes por el camino de la necesidad imperiosa de “mostrarlo todo” en pos de la auto confirmación o incluso del auto convencimiento..

 

 

 

   
     
     
   
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